Experiencia de una participante de Bélgica y su familia anfitriona en Paraguay

Charlotte Buitenkamp

Participante de AFS 2002-03 (Bélgica flamenca) - Paraguay


“Yo viví en la ciudad de Capiatá pero fui al colegio en San Lorenzo, y realizaba algunas actividades en Asunción.

Lo que más me impactó de Paraguay fue la naturaleza, la comida, y la unión familiar.

Fue mi mejor experiencia y muy interesante, porque mi familia de intercambio es numerosa y mis hermanas tienen casi la misma edad que yo. Mi papá, hermanos, primos y  tíos me mimaban y cuidaban mucho. Me enseñaron a valorar la riqueza de Paraguay conociendo cada ciudad y su historia.  Viajar es el lindo, pero más lindo es viajar con tu familia.

Siempre recuerdo la calidez, la compañía, porque al volver a mi país viví sola y extrañé a mi numerosa familia de intercambio.

Con la experiencia de AFS, se gana todo: amigos de diferentes países, un nuevo idioma, nueva cultura, y un lazo familiar que es para siempre.

Lo que más me costó aceptar de Paraguay fue el ‘piropo’ y la impuntualidad.

Paraguay significa mucho para mí, ya que tuve la oportunidad de conocer a fondo la cultura de este país.  Los  paraguayos son muy generosos.  Cuando te pasa algo están  muy atentos para ayudarte, son muy auténticos, piensan diferente, hasta la comida es diferente!

Recomiendo que otros jóvenes hagan esta experiencia porque no es solo un año divertido, viajar y recorrer; es conocer a fondo una cultura, crear un lazo estrecho con tu familia y amigos de intercambio. 

Yo creo que eso no lo logras en cualquier viaje, siendo un simple turista.”



 

Experiencia de la Familia Chamorro


“Siempre estuvimos atentos a su llegada, durante su ausencia la extrañamos mucho y ahora estamos muy felices por tenerla con nosotros en Paraguay.

Después de Charlotte, volvimos a hospedar un participante alemán por un año. Tanto Charlotte como Soren ya son parte de nuestra familia, tenemos nuestra foto familiar dentro de la casa y ambos están en ella.

Nosotros recomendamos a otra familia vivir esta experiencia, pero más que nada tiene que ser una familia que le dé apoyo al participante de intercambio, porque él ó ella no tienen en ese momento a su familia biológica. 

Lo más importante es que una familia que va a hospedar sea unida.  Con Charlotte, nosotros aprendimos una nueva cultura, aprendimos algunas palabras en holandés, fuimos más tolerantes con nuestra hija /hermana belga, y eso nos ayudó a crecer como personas.”